Aunque no es una serie de reciente estreno, llamó mi atención como doula por el trasfondo que maneja. Pequeños desastres (Paramount/Prime video) es mucho más que un thriller doméstico con casas perfectas y amistades que se resquebrajan. En su núcleo, esta serie británica basada en la novela de Sarah Vaughan ilumina con crudeza dos realidades poco discutidas: la presión asfixiante de la maternidad moderna y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) perinatal, un padecimiento que la propia autora experimentó.
La serie comienza con una premisa que golpea: Jess (Diane Kruger) lleva a su bebé al hospital con una lesión inexplicable. Su “casi ex” amiga Liz, la pediatra, debe decidir entre la lealtad y su deber profesional. Este incidente actúa como un cristal que aumenta las grietas existentes en un grupo de amigas madres, mostrando cómo la fachada de perfección es solo eso: una fachada. Detrás de los juegos de jardín y las cenas elegantes, vemos el desgaste constante de intentar ser la madre, la pareja y la profesional impecable, un ideal imposible que la sociedad refuerza sin piedad.
Pero donde Pequeños desastres da su paso más valiente es al adentrarse en la psique de Jess para explorar el TOC perinatal. Este trastorno, que afecta a entre un 2% y un 9% de las mujeres, se caracteriza por pensamientos intrusivos, aterradores y no deseados sobre causar daño al bebé, seguidos de rituales o conductas compulsivas para neutralizar la ansiedad. La serie, fiel a la experiencia de Vaughan, muestra a Jess paralizada por imágenes mentales aterradoras y rituales de comprobación, atrapada en un laberinto de miedo y culpa.
La genialidad narrativa está en cómo estos pensamientos no la convierten en una “mala madre”, sino en una madre aterrorizada por su propia mente. El TOC perinatal no es un deseo, sino su antítesis: el miedo más profundo de una persona que ama a su hijo. La serie desmonta el estigma al visibilizar esta angustia silenciosa, esa que muchas mujeres ocultan por vergüenza, pensando que están “locas” o que son un peligro.
Pequeños desastres nos enfrenta a un espejo incómodo. Nos hace preguntarnos: ¿cuántas de las sonrisas en el parque esconden una lucha interna similar? ¿Cuánta de la presión por ser perfectas nos lleva al borde de nuestro propio desastre emocional? Al final, la serie no es solo sobre un misterio médico, sino sobre el misterio más complejo: la mente de una madre atrapada entre el amor más profundo y el miedo más paralizante, recordándonos que la vulnerabilidad, lejos de ser un fracaso, es la verdad más humana de todas.

Soy Viviana y escribo en este blog desde el 2005. Mamá de Sofía (2005) y Maia (2010). Doula certificada, Social Media Mom, Escritora Freelance & WAHM.



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