Fecha del escrito: Entre los años de 1685 y 1692
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, escritora novohispana del siglo XVII, está reconocida como la figura literaria más destacada del Siglo de Oro en Hispanoamérica.
Desde muy temprana edad demostró una extraordinaria precocidad: aprendió a leer y escribir en secreto a los tres años con notable facilidad, y compuso su primera poesía a los ocho. Su amor por la lectura comenzó al descubrir la biblioteca de su abuelo, desarrollando así una profunda pasión por los libros.
Su sed de conocimiento era tal que, con solo siete años, intentó persuadir a su madre para que la enviara a la Universidad disfrazada de hombre, ya que en su época las mujeres tenían vedado el acceso a la educación superior. Llegó a dominar el conocimiento de su tiempo: estudió latín, teología contemporánea, y se sumergió en los clásicos grecorromanos y en los autores españoles.
A los trece años fue llamada a la corte del virrey de Nueva España en la Ciudad de México como dama de compañía de la virreina, a quien dedicaría varios sonetos. En la corte virreinal sobresalió por su belleza, agudeza, inteligencia y vasta cultura.
Al ser criolla, hija ilegítima y sin fortuna, pertenecía a una clase media que limitaba sus relaciones abiertas con la nobleza dominante; sin embargo, su excepcional talento le valió un lugar en la corte. Esta condición social le impedía aspirar a un matrimonio con alguien de la alta sociedad. El virrey, impresionado por su erudición y precocidad, convocó a cuarenta sabios de diversas disciplinas para examinarla, quedando todos asombrados por la sabiduría de sus respuestas, argumentos y réplicas.

La vocación religiosa
Por vocación religiosa, afán de saber o quizá para eludir las obligaciones del matrimonio, ingresó a los dieciséis años en el convento de las carmelitas descalzas, pero la rigurosidad de la orden la obligó a abandonarlo. Posteriormente, ingresó en la más flexible Orden de San Jerónimo, donde permaneció hasta el final de sus días.
En el convento, donde pasó el resto de su vida, desempeñó labores de contable y archivera, rechazando en dos ocasiones el cargo de abadesa. Consagró su vida al estudio y la escritura, adquiriendo profundos conocimientos en astronomía, matemáticas, lenguas, filosofía, mitología, historia, teología, música, pintura y cocina.
Su celda, individual y amplia, se convirtió en un centro de reunión para poetas, intelectuales, el nuevo virrey y su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quien cultivó una honda amistad. Allí reunió una magnífica biblioteca con más de cuatro mil volúmenes, además de instrumentos musicales, mapas y aparatos de medición.
En ese mismo espacio realizó experimentos científicos, compuso obras musicales y produjo una extensa obra literaria que abarcó diversos géneros: poesía y teatro —con influencias de Góngora y Calderón—, así como escritos filosóficos y estudios musicales.
Enfrentó la prohibición de leer y estudiar. En una célebre carta, respondiendo a las críticas del obispo de Puebla por ocuparse de temas mundanos, defendió con firmeza la libertad de expresión, los derechos intelectuales y el acceso ilimitado de las mujeres al conocimiento.
No obstante, terminó por obedecer: vendió su biblioteca, sus instrumentos científicos y musicales, y destinó lo recaudado a obras de caridad.
Por la magnitud de su legado, recibió los apelativos de «Fénix de América», «la Décima Musa» o «la Décima Musa mexicana».
Obras de Sor Juana
Su producción incluye poesía lírica y alegórica, así como dramas religiosos y profanos. Entre sus publicaciones destacan Inundación castálida (1689), Segundo volumen de las obras de sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del fénix de México y décima musa (1700), obras que han sido reeditadas continuamente. Recientemente, se ha publicado un libro de recetas del convento de San Jerónimo, recopilado por Sor Juana y dedicado a una de sus hermanas religiosas.
“Al que ingrato me deja, busco amante”
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento empleo;
que, de quien no me quiere, vil despojo.
Soy Viviana y escribo en este blog desde el 2005. Mamá de Sofía (2005) y Maia (2010). Doula certificada, Social Media Mom, Escritora Freelance & WAHM.



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