Ha llegado el momento. El mismo que anticipé desde aquel día, hace años, cuando dejé a mi hija Maía en su primer día de kinder. Ahora, se prepara para el mundo de conocimientos que obtendrá de la preparatoria. Y aquí estoy, conteniendo las lágrimas que insisten en escapar.
Maia comienza la Preparatoria. Ni escribiéndolo me suena real.
Maía no tuvo un camino convencional. La pandemia interrumpió su cuarto grado presencial en marzo de 2020, convirtiendo mi escritorio en su aula virtual. Con apenas 9 años, dominó Google Meet antes que aprender a nadar. Pude ver de primera mano cómo aprendía y en qué tambaleaba. Fue una época de ganacias, que alguna vez reflejé en el post “2020-2021, los años que ganamos“.
La secundaria fueron 3 años que nos hubiera gustado que los invirtiera de otra manera. Pero se hicieron, se cumplieron y es un capítulo que Maia deja atrás con particular y justificada felicidad.
Hoy, inicia el primer capítulo de algo grande. La preparatoria no es solo un escalón académico; es el terreno donde se forjará su identidad y donde descubrirá sus pasiones, cosas que cambiarán su vida.
Como madre, el miedo se mezcla con el orgullo. Temo por los desafíos que enfrentará, por las veces que tropezará y por las heridas que la vida inevitablemente dejará en su camino. Pero también confío en ella. En esa niña que transformó el caos en oportunidad, que convirtió la soledad de la pantalla en una lección de autonomía.
Confiar y darle independencia es el acto más difícil y más noble de la maternidad. Soltamos su mano para que aprenda a volar, confiando en que las raíces que plantamos son fuertes. Maía no solo inicia la preparatoria; inicia su vuelo.
Maia comienza la Preparatoria. Y yo, desde aquí, aprenderé a celebrar cada despegue, sosteniendo la fe en que he hecho lo suficiente para que esta mujer en ciernes conquiste el mundo.

Soy Viviana y escribo en este blog desde el 2005. Mamá de Sofía (2005) y Maia (2010). Doula certificada, Social Media Mom, Escritora Freelance & WAHM.



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